Léeme en 5 minutos
Amigos... tuve una gatita, y fue ayer que hace un mes la dejamos de tener, y ella dejó de tenernos, dejamos de ser de ella.
Su vida, su ser, sus relaciones con otros humanos y animales, su caminar y aprendizaje, sus peticiones de cariño, e incluso sus últimos días y la forma en que se fue, me dejó innumerables enseñanzas, así como un vacío aquí adentro.
A continuación un intento de explicarte con palabras lo que nos dejó esta gatita, su nombre es Lea. 1. Una gatita realmente hermosa
Soy consciente que mis hijos probablemente no son los más bonitos de todo el mundo, lo entiendo, lo creo probable, puede ser, y lo sé porque he escuchado a otras personas expresarse igual de sus hijos, y pues, no. Entonces la pregunta obligada, ¿No será que yo también hago lo mismo?, imposible que todos estemos en lo cierto, de seguro hay niños feos, yo los he visto, ni modo.
Con Lea me pasó lo mismo, te cuento que fue una gatita que llegó con nosotros desde que tenía unas semanas de nacida, así, todavía como ratita con ojos azules, que se le pusieron amarillos con el tiempo. Ella nació en el municipio de Arteaga, es de Coahuila la morra, y la adoptamos, entiendo que su mamá tuvo una camada más de gatitos, sin ninguna raza en particular, y sin una planeación de cruza con un gato galán y musculoso, intrépido, el más apto de su camada, nada de eso, entonces, ¿Cuál era la probabilidad de que nos tocara una gatita bonita?
De todos modos, y probablemente contra todo pronóstico, lo era. Y sucede como cuando te pasa algo extraordinario, solamente te pasa, y ya, y como que no lo puedes creer, y te pueden preguntar, ¿Qué se siente tener una gata bonita? pues, realmente nada.
Teníamos una relación bastante sana, no esperábamos nada de ella, ni ella nada de nosotros, por lo que todo lo que nos daba nos sorprendía, y nos sorprendió el hecho de que estaba muy bonita, bueno, como dijo Forrest Gump en la película homónima (1994): un problema menos.
2. Rudeza innecesaria
Desde el día uno se dedicó a atacar a propios y a extraños, a diestra y siniestra, no podía ver unos pies mal parados porque se iba sobre ellos. También demostró habilidades para encajar sus uñas y dientes en los lugares más dolorosos, y cuando la regañábamos ponía cara de "tú estás mal, no yo"
La única doctora que tuvo no la va a extrañar, de seguro, cuando la dejamos para que la operara para no tener gatitos, nos pidió que nos la lleváramos inmediatamente, se debía quedar tres días y solo aguantó uno. Cuando regresamos dos o tres veces por algún motivo médico, así, de lejecitos, incumpliendo con el juramento de Hipócrates para gatos.
Por eso te digo que estoy seguro que es una mezcla de gato callejero con alguna otra cosa del monte, un puma o un jaguarundi que sí hay en la sierra donde nació. Entonces, sí, una gata neandertal.
3. Ama del bosque
Al llegar a una edad en la que ya se podía escapar cuando abríamos una puerta, fue exactamente lo que hizo. Muchas veces hice el duelo mental pensando que un día no iba a regresar. Ella estaba escogiendo conscientemente una vida de peligro contra la tranquilidad del hogar, y esto puede tener un precio grande; pero para ella fue todo lo contrario, una vida de aventuras.
Ella tenía dominado todos sus alrededores, todo tipo de animales, arañas, ratas de campo, cucarachas, saltamontes, incluso otros gatos, sabían que había una cuidadora, una guardiana, y que no se andaba con rodeos. En una ocasión, y hay un video por ahí, ahuyentó a un coyote que andaba hurgando en la basura de un vecino, se arqueó para parecer el doble de su tamaño, y sí, defendió su territorio.
Continuamente nos traía regalos: ¡Mira qué bonita mariposa!, y no, era que Lea la dejaba vivir para que viéramos su habilidad para cazar, la escena posterior era de muerte y destrucción, aderezada un poco con sadismo y orgullo, como diciendo: ¡Mira lo que traje, lo que aporto al hogar!. Todas las mujeres de la casa gritaban y salían corriendo ante la mirada sorprendida de Lea... ya después de un tiempo dejó de hacerlo, se imaginaría que era como echarle rosas a los puercos.
Así que esperaba que nosotros le diéramos regalos cuando llegábamos de viaje o de trabajar, cosa que nunca sucedió, de igual forma ella esperaba que la esperáramos cuando ella llegaba. Estos instintos gatunos nunca fueron reforzados por lo que se perdieron eventualmente.
4. Las señales y presagios que están para los que observan
En las última semana Lea comenzó a comportarse muy extrañamente, te platico los cuatro más impactantes: 1) comenzó a correr y asustarse mucho por los ruidos fuertes, 2) en una ocasión, solo una vez, empezó a girar sobre ella misma, así, de la nada, con la cabeza pegada al suelo, nunca lo había hecho, 3) frecuentaba todo el tiempo un lugar debajo del encino que tenemos en la entrada de la casa, se dormía ahí, pasaba horas, y 4) buscaba mucho contacto nuestro, siempre pegada a las piernas, lo justifiqué con que se estaba haciendo vieja.
De esta forma, un día 28 de abril de 2026, y gracias a una cámara de video del vecino, 1) un ruido de una camioneta estaquitas la hizo saltar de debajo de un carro estacionado, donde estaba a salvo, 2) el impacto fue muy rápido, ella comenzó a girar de la misma forma en el asfalto, 3) unos minutos después la enterré en el mismo lugar que frecuentaba tanto en sus últimos días, creo que me quería comunicar que eso quería, y 4) ya no tendrá nunca más nuestro contacto, nunca más se restregará contra nuestras piernas, nunca más se acostará en nuestro regazo y buscará con su cabeza nuestra mano para que le hagamos masajitos.
Caí en cuenta de todo esto, ligué todos estos pensamientos, unos minutos después de que pasó el temblor, y como la canción, se hizo una grieta en mi corazón, y por un momento todo fue una gran desilusión. Un pensamiento ronda mi mente, y es que todo esto de presagios y señales parece ser imposible: ¡Qué gran poder el de la Lea de hacerlo posible!
5. La percepción de los estímulos
Los siguientes días fueron muy extraños, no hay pésames ni ceremonias por la muerte de un animalito, no todo el mundo siente lo mismo ante el mismo suceso, incluso los que estuvieron muy cercanos a Lea variaron mucho en su reacción, tardé tiempo en recordar que esto es lo que nos hace humanos y únicos, pero en esos días no lo veía tan creíble, no lo aceptaba.
Todavía su cuerpecito estaba caliente y yo ya estaba haciendo cosas del trabajo y de la casa, ocupándome de mis asuntos, como si todo fuera normal. Algo dentro de mí se estaba formando, un nudo en la garganta, una bola en el pecho, un sentimiento escondido, ese algo que logré sacar después de una borrachera solitaria, donde honré su recuerdo, su vida, donde le pedí perdón por no haberla cuidado lo suficiente, por no estar ahí para evitar el accidente y mil cosas más, que ya se formularon, que ya dije, y que no eran justas para mí.
6. El espacio donde ya no está
Hoy recuerdo a mi gatita y escribo estas palabras, no para ella, porque nunca aprendió a leer, sino como un último regalo que nos da, ahora con su muerte. Y me da gusto percatarme, darme cuenta, descubrir, esas pequeñas cosas que me deja su ausencia, que me grita que ya no está, que me hace detenerme, regresar al presente, y decir: Ay Leíta: los insectos que ahora abundan, el verificar en cada cuarto antes de salir para no dejarla encerrada (se mea en las camas y sillones al estar lejos de su caja), el desconectar su alimentador automático, el acomodar sus cositas, su jaulita para cuando la llevaba en el carro, su comida, su arena, su arenero, sus collares antipulgas, el pararme de mi silla y ver si está esperando a que le abran para entrar, el voltear a las puertas para ver si está esperando pacientemente que le abran para salir, el ver su sombra o su esencia en todas partes.
Somos mucho más de lo que somos, somos el recuerdo que se tiene de nosotros, somos la parte de la vida de los demás en la que participamos y mejoramos, somos todo y nada.
Cerrando... al final creo que no se trató de una relación justa, obtuvimos más de ella que ella de nosotros, y dentro de esta maraña de pensamientos, de intentos de normalizar este sentimiento de tristeza, de decirme que solo es un animalito, que como este animalito se van muchos, se van todos los días, que le dimos un hogar con amor, que le dimos libertad y un rol dentro del bosque, de nuestro hogar, de nuestra familia, que dejó una marca en todos, que tuvo un rol en su vida y en la nuestra, aun con todo esto, no puedo evitar recordarla sin ponerme triste.
Gracias mi gatita hermosa y peleonera, gracias Lea.
Y bien, esto fue lo que me dejó...
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