Léeme en 6 minutos
Por fin vi esta película, alrededor del minuto 30 le ponen unos chingadazos al prota y como que ya no me gustó, eso fue hace cuatro años... ayer me di la oportunidad, la vi, y esto fue lo que me dejó.
Como siempre, no puedo evitar entrar en detalle en la trama, preferible no continuar si no has visto la película.
1. Hasta dónde debemos sufrir para gozar
Esta es la clásica historia del alumno y el maestro, que tras múltiples problemas, cosas buenas, cosas malas, tienen su momento de gloria al final de la historia. Lo interesante, diferente e incluso, alarmante, es la forma que tiene el maestro de enseñar, extremadamente exigente y denigrante con sus alumnos. Y no me refiero a exigente como el Sr. Miyagi en Karate Kid o el maestro Chow en Kickboxer con el Jean-Claude Van Damme, que hasta le amarró carne al cinturón para que se motivara y corriera más rápido cuando los perros lo persiguen; sino a algo más oscuro, sin razón, inexplicable, como cuando está en escena el Homelander en The Boys, así, parado, como un niño con una pistola cargada, y estás en un estrés constante porque sabes que puede hacer cualquier cosa.
Casi al final de la película, el maestro, Fletcher se llamaba, le comparte al alumno, así como platicándole algo trivial, ¿Por qué es tan ojete con sus alumnos? Y es que es su forma de sacar lo mejor de la gente, que sí, puede quebrar a 100, pero con que uno salga del atolladero, y sobresalga, toda habrá valido la pena; que las peores palabras que le puedes decir a alguien es "bien hecho" ("There are no two words in the English language more harmful than 'good job'")
Aquí tengo varias dudas: ¿Hasta dónde dar palabras de aliento te impiden seguir avanzando?, ¿O poner la vara más alta te habilita a seguir?, ¿Dónde se rompe la liga?, al final ¿Vale la pena?, ¿Para qué?
En una frase: ¿Es realmente necesario el costo humano para alcanzar la belleza o la excelencia?
Veamos... yo recuerdo mi clase de filosofía, la daba un maestro que se creía Aristóteles, ahora que me acuerdo de Arnulfo, era bueno, pero estaba loco, muy parecido al maestro Fletcher de esta película, pero bueno, recuerdo la expicación de Sócrates, que utilizaba una técnica llamada mayéutica para extraer conocimiento de la gente. Curiosamente, lo que se nos quedó grabado de esta técnica es que primero hería el amor propio de la persona interrogada, al punto que se hizo meme (antes no se usaba ese término) y decíamos "... esa chica le aplicó la mayéutica al gordo". Pero no, la mayéutica era para contener el ego, partir de que no se sabe nada, para de ahí construir desde la humildad.
Ahora, sí es cierto que el aprendizaje duele, o mejor dicho, molesta, incomoda, le tienes que prestar atención, si esto no sucede no se queda grabado, casi como que el cerebro no lo considera como algo digno de recordar, recordable, valioso para la supervivencia futura. Por eso cuando hacemos duolingo y buscamos la traducción de una palabra con la ayuda de algún traductor, en lugar de dejar que el flujo nos castigue, o sea, sacarla mal, no se nos queda grabada. Y esto puede venir desde el amor, como se puede observar con una madre al enseñarle a un bebé a caminar: "dale, que se caiga una vez para que aprenda", venimos con una programación de cometer los errores nosotros mismos (tal vez para evaluar si siguen siendo errores válidos o ya no), pero también necesitamos una guía, una certeza de que al final de esto hay seguridad, en nuestro ejemplo es la madre apoyando al bebé y diciéndole con palabras amorosas que lo vuelva a intentar, qué ahí está ella.
Por último, vayamos a los datos, esta técnica del terror ya no es la común en las escuelas (a mi todavía me tocó que me dieran en la punta de los dedos con una regla larga de madera, y que me jalaran las orejas), y no solamente como método de enseñanzas, los maestros ya también lo tienen claro, según el estudio OECD TALIS 2018 & 2024 Results, aplicado a maestros, solo el 15% piensa que esta práctica es productiva. Por otro lado, la UNESCO publicó que 1 de cada 3 estudiantes sienten miedo al fracaso y presión psicológica, lo que indica que la presión se la podría estar aplicando otros factores diferente a los maestros (la familia, la sociedad, etc.).
Volviendo a mi comentario inicial, sería interesante saber cuántos genios fueron educados "a mano", como incluso viene indicado en el libro de Great Expectations de Dickens (publicado en 1861) como algo bueno (bueno para la sociedad, pero no para el pobre Pip, y bueno, Pip no era un genio, bastante wey el muchacho), ¿Hay alguna prueba de que con algún método diferente esos 100 hubieran generado, no sé, 20 genios, en lugar de 1? y al menos 1 mejor que el protagonista de nuestra historia? ojalá que sí.
Me gusta pensar que a veces la humanidad sobresale "a pesar" de lo que le sucede, o sea, no es que se creó un genio, es que ya era potencialmente un genio, solo aguantó porque tenía algo que dar.
La capacidad de aguantar el dolor no tiene nada que ver con la capacidad de crear belleza, la belleza no debe de ser un reflejo del dolor.
2. En los zapatos de un vampiro
En un momento el papá del protagonista le dice: la opinión de tu maestro te parece importante, ¿verdad?
Primero, el que no sea algo automático, o sea, te debe de importar la opinión de todos, de igual manera (poco, mucho, etc) pero no unos sí y otros no, porque luego los que no manchan tu imagen con los que sí, o ¿no? De esta manera están esas personas que buscan quedar bien con todos, eso piensan, que cualquier cabo suelto puede detonar muchas cosas, como si todo estuviera en un pequeño equilibrio, pero las cosas no funcionan así. Hoy platicando con mi vieja, acerca de algunas calumnias que recibió de una persona de su pasado, me dijo: pues mira, la gente que me conoce sabe que no es cierto, y los que no me conocen y lo creen cierto sin preguntar, pues no me importan.
Ahora, volviendo a este fenomeno de otorgar este poder selectivo de que te importe lo que piense la gente ¿Por qué se lo damos al que nos trata más mal? hay algunas explicaciones psicologicas de esto, en resumen, le otorgamos un valor, como si fuera una figura de autoridad, a quién opinó mal de nosotros, y ellos tal vez ni en cuenta, como si opinar mal viene de saber más. Yo tengo mi teoría, y es que antes la palabra de alguien era muy importante, y lo podemos ver en las obras literarias de hace años, como le pasó al pobre Jean Valjean en Les Miserables de Victor Hugo, era un criminal y ya, vivía con el peso de ese adjetivo, y lo quería cambiar porque, ¿saben qué?, según las reglas y leyes de la época, aunque no nos guste, era real. De igual forma, la calumnia era castigada, como Edmundo Dantés en el Conde de Montecristo, su venganza fue implacable y justificada por la época.
Y ahora ¿Qué pasa?, el honor, la opinión de alguien, la palabra entre las masas, ha perdido valor, importancia, relevancia, manoteamos sin remordimientos, hacemos juicios fuertes, sin importar las represalias, al cabo, ah, me equivoqué y ya, sin importar el daño. La crítica ha perdido su única ventaja.
Y lo peor es que estamos programados para que si alguien opina mal de nosotros, en verdad sea algo que nos ayuda a mejorar, un espejo fiel que nos muestra en lo que estamos equivocados, y a ponernos "manos a la obra" para mejorar. Esa persona que opinó mal debe tener una responsabilidad de lo que dijo, se crea un lazo.
En esta realidad en la que esto no se cumple ¿Qué podemos si ya no te puedes reflejar en los espejos?
3. ¿Dónde quedó la felicidad?
Pero bueno, ya, dejando atrás los sacrificios, nuestro protagonista creó ese momento sublime, esa belleza que sale una vez cada muchos años, añorada por mucho y alcanzada por pocos. Al terminar la canción, con el último golpe de platillo se va todo a negro... créditos.
¿Qué siguió?, ¿Qué hubiera pasado si fuera una historia de la vida real?, claro, se pararía de su sillita de la bateria, se limpiaría la sangre de las manos, voltearía a ver a su maestro, le haría una mirada de "tómala cabrón" y se iría, todos aplaudiendo, los espectadores emocionados.
Hasta ahí creo que estamos todos de acuerdo, pero en lo que sigue probablemente no lo estemos tanto, probablemente va a...
- ... validar su esfuerzo y decir que ya llegó a lo que estaba buscando: por fin lo logré
- ... retomar su vida sentimental, con la morrita que dejó en el camino
- ... dejar ese camino de autodestrucción y planear algo mejor para él
- ... aprovechar todo lo que aprendió para crear más belleza
- ... maximizar el valor, enseñar a otros, aportar algo a la teoría musical
En el final de Kengan Ashura, (spoilers), nuestro héroe no gana, Ohma tiene gana otro tipo de pelea, digna de otro artículo como este. El que sí gana es Kuroki Gensai, un peleador entrado en años, que después de vencer a todos se va a la naturaleza a seguir entrenando, se dice que debe mejorar mucho más, no se permite celebrar.
Al parecer lo que se logra es para que los demás se beneficien, no para la persona que lo hace.
Siguiendo con nuestra película, el mensaje está claro, lo que esperamos que pase, ese momento de celebración, de felicidad, no sucederá. Ya sé porque el director terminó la película al terminar la canción, llegamos al clímax, no hay nada más que decir.
Y bueno, esto fue lo que me dejó.

